Movilizándonos con unas personas a las que se les va la vida

Queremos empezar este artículo con unos párrafos extraídos de la publicación en Cuartopoder de AGUSTÍN MORENO el día 19/1/2015:

“Se acerca una epidemia de tuberculosis.

Afectará al mundo entero. Si el mercado

de la tuberculosis funciona como se espera,

se ganarán miles de millones de dólares“.

‘El jardinero fiel’ de John le Carré

Al día mueren doce personas, según la Plataforma de Afectados por Hepatitis C. Pero el ministro de Sanidad pide “responsabilidad” y que no se haga “demagogia”. Seguramente preferiría que murieran en silencio, sin hacer ruido, sin encerrarse en los hospitales, sin manifestarse para sacar a la calle su drama y la incompetencia de un Gobierno, que se niega incluso a recibirlos.

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En un país que se considere civilizado no hay nada tan importante como la vida humana. Pero el Gobierno de Rajoy y las multinacionales no piensan igual, porque no hacen todo lo necesario para asegurarla. Más bien lo contrario: los recortes y la obscenidad del capitalismo depredador matan, porque nuestra salud es su negocio. Se conseguirá tratamientos para todos si aumenta la corriente en la opinión pública en favor de los enfermos de hepatitis. Habrá que seguir apoyándoles y movilizándonos con unas personas a las que se les va la vida. Porque nunca se pueden anteponer los intereses de las multinacionales al derecho a la salud y a la vida de los ciudadanos.

Por ello, exigiendo «tratamiento para tod@s»este domingo 1 de marzo, nos manifestamos desde Legazpi hasta Neptuno con la PLAFHC que Ayer presentó 200 mil firmas en el Congreso de los Diputados, para exigir al Gobierno dotación presupuestaria para los tratamientos.

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Un comentario en «Movilizándonos con unas personas a las que se les va la vida»

  • el 2 marzo, 2015 a las 23:02
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    Entre tantos detalles de humanidad que se puede captar en una manifestación solidaria como pocas, me sorprendió la de unos niños que llevaban una pancartita pidiendo medicación para su abuelita. Cierto que no será fruto de su espontaneidad y la pancarta estaría hecha por un adulta, pero es seguro que sabían lo que querían y estaban orgullosos de lo que estaban haciendo. Tiempo les quedará para comprender lo que es un ministro, una farmacéutica y lo que ambos tienen en común

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