Compromiso con las personas desposeídas

MIGUEL ROMERO Y LA COOPERACIÓN SOLIDARIA

Artículo publicado en el nº61 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2014, monográfico sobre comunicación, poder y democracia.

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Con Miguel Romero aprendimos que “la solidaridad es una compañera incómoda del trabajo de cooperación”. Pero también que mientras “la tecnocracia compasiva está vaciando de contenido solidario la cooperación al desarrollo, hay que oponerle alternativas en el discurso y en la práctica». Justamente, Miguel se dedicó los últimos veinte años a esa tarea: analizar y repensar la situación de la cooperación internacional en el marco de la evolución del capitalismo global, construir y fortalecer pensamiento crítico dentro del sector de las organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGD), oponerse a la cada vez más extendida visión de la cooperación como una “industria de la caridad” basada en los principios de la “solidaridad de mercado” y defender, en fin, la cooperación solidaria como una relación social y política igualitaria, articulada con las luchas y los movimientos sociales.

Desde su trabajo en ACSUR-Las Segovias (organización en la que fue coordinador de Comunicación y Estudios entre 1994 y 2009), en muchos de los debates que tuvieron lugar en la Coordinadora de ONG para el desarrollo (CONGDE), a través de sus argumentos en textos y charlas, en la coordinación de proyectos de comunicación alternativa (“la necesidad de una vinculación entre prensa alternativa y las ONGD con un sentido militante de la solidaridad está en que ambas necesitan promover una ciudadanía socialmente (o mejor, sociopolíticamente) activa y, cada una en su campo, contribuir conjuntamente a lograrla”, decía Miguel)[2] con la participación en los encuentros locales y foros internacionales donde han ido entrelazándose las resistencias y las alternativas a la globalización neoliberal… Miguel Romero ha sido un referente para todas y todos los militantes internacionalistas y socios de ONGD que creemos que “el lugar de las organizaciones solidarias tiene que estar entre quienes no se resignan, no aceptan el ‘sálvese quien pueda’ y rechazan las ‘oportunidades’ de someterse al engranaje que está triturando las expectativas de construir un mundo basado en la justicia y la igualdad universales”.

Decía Miguel que “cuando se trabaja en una ONGD, la militancia solidaria no es algo natural, espontáneo, sino que hay que encontrarle su lugar, al precio de contradicciones inevitables”; no se trata de obviar dichas contradicciones, sino de “reconocerlas, buscar cómo afrontarlas y asumir los riesgos de la coherencia cuando se plantean conflictos abiertos en los que hay que elegir campo”. Y él siempre lo tuvo muy claro: la cooperación solidaria debe jugarse, junto a los movimientos sociales, en el terreno de la acción política y el compromiso con la emancipación de las y los desposeídos.

 

 

 

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