Homenaje de los Yayoflautas a Marcos Ana

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Por Sylvia Miranda

A Marcos me une una amistad de ya varios lustros desde que nos encontramos por primera vez en Lima, en el verano de 1986, año que sería recordado por el paso del Cometa Halley por los cielos de Lima y por el de Marcos Ana por las calles de la ciudad. En el reflejo de su propia existencia, Marcos nos trajo una España muy distinta a la lejana y encopetada de nuestros libros de historia. La España de Marcos Ana era un país luminoso, de generosidad, de alegría, de modernidad, de amistad. Un país donde “su casa y su corazón” nunca están cerrados, donde pasan a raudales “los pájaros, los amigos, el sol y el aire”, parafraseando un poema suyo.

Marcos suele decir que el momento más difícil de su vida fue justo el de la libertad, cuando al cerrarse la puerta de la prisión con la aldaba detrás de sí, seguía oyendo en el aire y en el corazón, la voz de sus hermanos encarcelados que le decían: “Marcos, no nos olvides”. Atrás quedaba la dura pero fervorosa vida de la cárcel donde nacieron sus primeros poemas, aquellos que el joven poeta militante quería ver marchando libres y fuertes, de los que decía “Quiero que mis poemas tengan hueso / y estructura de piedras palpitantes”.

Con las voces de sus hermanos prisioneros Marcos Ana recorrió medio mundo para que nadie los olvidara, ni a ellos ni a sus familias. Lo hizo con palabras sencillas y apasionadas, de esas que van “directamente a nuestros corazones” como dijo José Saramago y que removieron montañas.

Hoy tenemos la suerte de tener a Marcos con nosotros, de poder cruzarnos con él en las manifestaciones o en las acampadas, a pie y con el corazón abierto, igual con los jóvenes del 15- M que con sus abuelos, los yayos, que son el engranaje de una lucha diaria por un futuro más solidario y justo que no debe ser arrebatado, ni aquí ni en ningún lugar del mundo. Su presencia siempre entusiasta, su capacidad para revelar lo mejor de nuestras esperanzas y de nuestras luchas, de resumir y de simbolizar la dignidad humana más allá de cualquier contingencia, nos llena de fuerza para continuar, para responder como lo hace él mismo, cuando dice con convicción: “Vale la pena luchar”.

Gracias, Marcos, por recordarnos día a día la frase que quizás mejor define tu vida que “vivir para los demás es la mejor manera de vivir para sí mismo”.

Madrid, 8 de abril, 2014.

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