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Grecia se vuelca en la autogestión

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Autor: Bernardo Gutiérrez (para esta web: hijoflauta)

(Este texto es una acotación de diversos contenidos del artículo completo)

Ante las políticas de austeridad, los mecanismos de autogestión se multiplican en la sociedad griega. Incluso asuntos con histórica participación del Estado, como la salud o el agua, están siendo repensados desde la sociedad civil y la gestión comunitaria. La economía cooperativa, las redes de solidaridad y las prácticas alrededor de los bienes comunes viven un momento dorado en el país helénico

 

Estamos en una lucha global. Lo que hagamos aquí sirve de ejemplo al mundo». Eleni Dimitriadou, la socióloga que se ofrece de traductora, hace una breve introducción sobre Vio.me: «Los dueños quisieron cerrar la fábrica en el año 2011. Tenían beneficios, pero querían aprovechar la crisis para deshacerse de los trabajadores sin pagar despidos».

 

Los trabajadores decidieron, según explica Dimitris, «mantener la planta en funcionamiento y sobrevivir». El proceso fue arduo. Trabas judiciales. Amenazas. «Nos les interesábamos. Entonces, la mayoría de los 45 trabajadores votaron a favor de continuar con la producción de forma auto gestionada», afirma un entusiasta Dimitris. Vio.me funciona de forma horizontal. Realizan varias asambleas a la semana, algunas abiertas a movimientos sociales y ciudadanos. Mientras muestra las naves de la fábrica, Dimitris enumera otras actividades que realizan, como performances o cine. También cita a intelectuales internacionales que les apoyan, como David Harvey o John Holloway. Al final de la charla, aparece Syriza, «la política». Pero a Dimitris no le interesa demasiado. Vio.me es su prototipo y utopia. «Somos uno, estamos juntos, es la base de todo», asegura en la despedida.

 

De crisis a la autoorganización

 

En Grecia, el número de ciudadanos excluidos del sistema de salud supera los 3 millones… Pero hay otro país. Una Grecia social, solidaria, cooperativa. Una Grecia en red, más micro que macro. Una Grecia en pie. «El pueblo paró la privatización del agua, por ejemplo», asegura, en referencia al referéndum (ilegalizado por el Gobierno) que ayudó a parar la privatización del agua en Atenas y Salónica recomendada por la troika.

 

El centro social Micrópolis, en el centro de Salónica, es uno de los refugios. Es increíble todo lo que está ocurriendo en Grecia desde las redes de solidaridad

 

Miki cita el ejemplo de la clínica autogestionada de Helleniko de Atenas, una de las 42 clínicas y farmacias autogestionadas de Grecia. «Algunas televisiones y radios públicas de Salónica siguen ocupadas y gestionadas por los propios trabajadores», matiza Miki. Jeza opina que Grecia no sobreviviría sin la autogestión: «Sin las clínicas sociales, el 35% de la gente no sabría dónde acudir ante un problema médico. Sin las asambleas de barrio y su contacto con las escuelas, no habría educación. Sin los mercados sin intermediarios, muchas familias sufrirían hambre».

 

Alternativas

 

El texto ‘Transformando crisis en Krisis’ aborda la mutación social griega de los últimos años: «Estas iniciativas emergentes han sentado las bases de una red invisible, no regulada y autónoma que se ha llamado economía solidaria y cooperativa». Grecia se vuelca en la autogestión. Sus ciudadanos se organizan sin el Estado, que les ha fallado, cientos de proyectos que configuran una nueva sociedad en marcha.

 

Todos los caminos llevan a Exarcheia

 

En la Atenas social, todos los caminos llevan a Exarcheia, el barrio anarquista. En la terraza del centro social Nosotros, Christine Papadopoulou hace un minucioso repaso cronológico de la ocupación de Syntagma. «Fue una llamada de los Indignados españoles. Alguien en la puerta del Sol colocó un cartel tipo «silencio, que vamos a despertar a los Griegos». Y la gente se lanzó a las plazas», afirma Christine.  A partir del 25 de mayo de 2011, los griegos tomaron la plaza Syntagma de Atenas y cientos de plazas en todo el país. 100.000 personas rodearon el Parlamento, con un gran cartel en español: «Estamos despiertos. ¿Qué hora es? Es hora de que se vayan».

 

Christine habla de Syntagma con emoción: «Yo nunca había tenido contacto con la política. Muchos nos conocimos en  Syntagma y empezamos a hacer cosas juntos. En el inicio no había ni banderas de partidos. Poco a poco, comenzaron a llegar los infiltrados de grupos organizados». Syntagma fue un divisor de aguas. Christine comienza a enumerar alternativas que surgieron de la ocupación de Syntagma, como la Campaña Ciudadana de Auditoría de la Deuda, el Banco del Tiempo de Atenas, el Bazar de Intercambio solidario o el grupo de Democracia Directa. «El formato asamblea se expandió por barrios y ciudades. El boom de la economía solidaria es fruto de Syntagma», matiza Christine.

 

La imagen del futuro que inquieta a la troika no es la de un pueblo en las calles. Es la imagen de un país volcado en la autogestión que está cocinando una atractiva narrativa que sobrepasa el neoliberalismo.

 

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