Denuncias

Capitalismo es barbarie

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Por kaosenlared.net

Más de 20 millones de personas están al borde de la muerte segura por inanición y millones más corren riesgo inmediato de morir por las enfermedades asociadas a la falta de alimentos y agua potable. La emergencia humanitaria que atraviesan Yemen, Sudán del Sur, Somalia y parte de Nigeria han provocado que Naciones Unidas haya sentenciado, sin paliativos, que el mundo atraviesa ya la mayor crisis humanitaria desde la creación de la organización internacional en 1945, representada en cuatro países unidos por un aspecto en común: el conflicto armado.

Así de tajante se ha mostrado el subsecretario general para Asuntos Humanitarios de la ONU, Stephen O’Brien, quien ha solicitado un total de 4.400 millones de dólares antes del próximo mes de julio, una cifra innegociable, para impedir la catástrofe. “Porque la gente se va a morir de hambre y porque todas las victorias políticas conseguidas con tanta dificultad durante los últimos años van a dar un paso atrás”, ha advertido.

Más de siete millones de yemeníes están pasando hambre y dos terceras partes de la población del país, casi 20 millones de personas, necesitan ayuda algún tipo para sobrevivir a la guerra entre el Gobierno y los rebeldes huthis, origen de una “violencia indecible”.

A pesar de que Naciones Unidas no ha declarado oficialmente el estado de hambruna en Yemen, la persistencia del conflicto convierte esta posibilidad en casi irrevocable a pesar de los esfuerzos de la organización, que desde febrero ha repartido ayuda a 4,9 millones de yemeníes.

O’Brien ha pedido, para 2017, un montante de 2.100 millones de dólares para asistir a 12 millones de afectados pero hasta ahora solo ha recibido un seis por ciento de esa cantidad. No obstante, la prevención de la hambruna en Yemen pasa por una solución política de paz, que permita la entrada del sector privado con la firma de acuerdos comerciales, en especial por el puerto de Hudaiya.

Donde sí se ha declarado oficialmente la hambruna es en Sudán del Sur, escenario de una guerra civil entre las fuerzas del presidente, Salva Kiir, y su antiguo vicepresidente, Riek Machar. Ahora mismo necesitan asistencia más de 7,5 millones de personas en un país “donde la situación es peor que nunca” y la hambruna que lo domina “tiene su origen en la mano del hombre”.

Es un país donde más de un millón de niños padece malnutrición severa, donde 270.000 pequeños están en peligro de muerte inminente y donde se ha extendido en los últimos meses la epidemia de cólera declarada en junio de 2016.

Los bombardeos constantes y las operaciones militares por tierra no solo han impedido la entrada de ayuda humanitaria sino que han puesto en serio peligro la vida de los cooperantes. O’Brien ha denunciado asaltos y saqueos contra recintos humanitarios. Las promesas de los combatientes de proporcionar rutas seguras y abstenerse de atacar a los voluntarios todavía no se han cumplido.

Somalia, la sequía y Al Shabaab

La falta de lluvia no es la única responsable de que tres millones de personas estén en peligro de morirse de hambre en Somalia, donde la secta terrorista Al Shabaab ha generado 165 incidentes violentos en 2016 que han desembocado en las muertes de 14 cooperantes.

El dominio de la organización sobre gran parte del centro y del sur del país ha impedido la llegada de ayuda y los indicadores actuales que baraja la ONU “se parecen al trágico escenario de 2011”, cuando Somalia atravesó un periodo de hambruna que, para entonces, antes de su proclamación, ya había matado a 260.000 personas.

A estas tres crisis se suma el noreste de Nigeria y la región del lago Chad, donde 7,1 millones de personas se enfrentan a la inseguridad alimentaria. En total, más de 20 millones de personas están próximas a la muerte en cuatro países al borde de la destrucción, donde los avances comunitarios están retrocediendo, donde la inestabilidad aumenta, y la moral y el espíritu disminuyen.

“La situación que atraviesa esta gente es crítica. Van a morir si no hay respuesta internacional. Todos los países tienen un punto en común: el conflicto. Necesitamos la ayuda de todos para acabar con este sufrimiento. Todavía es posible impedirlo”, ha declarado.

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