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Ni un Euro para el Rearme. Ni un Voto para la Guerra.

Nos negamos a normalizar el ambiente belicista y militarista que nos están inculcando. Nos negamos a justificar la preparación de la guerra como algo inevitable. Nos negamos a que los recursos limitados de nuestros impuestos se dediquen al rearme, a la preparación de la guerra y a la organización de una nueva carnicería belicista en nombre de nuestra seguridad. Porque los recursos que nos roban los señores de la guerra son recursos que necesitamos para cuidar de la vida de las personas y la salud del planeta. Nos oponemos al gasto militar porque afecta directamente al eje de nuestras luchas: la defensa de los servicios públicos, los derechos humanos y las libertades, los cuidados del planeta, las luchas feministas y, en definitiva, el futuro de nuestras hijas e hijos, de nuestras nietas y nietos. Reclamamos más seguridad humana mientras denunciamos el timo de la pretendida seguridad militar.

El espectacular aumento del gasto militar, que este año puede llegar a los 80.000 millones de €, llevará inevitablemente a un deterioro aun mayor de los servicios públicos como la sanidad, la educación, las pensiones, la ley de dependencia, los servicios de protección civil, ayudas a la vivienda, a residencias para mayores, becas o apoyo a las personas más necesitadas. Los recursos del estado son limitados, los que se emplean para preparar la guerra no van a construir escuelas u hospitales. El coste de oportunidad del militarismo nos priva de la mejora de nuestros servicios públicos por lo que la protesta no sólo es legítima sino totalmente necesaria. Con frecuencia escuchamos voces interesadas que nos dicen que las pensiones son insostenibles, pero casi nadie quiere ver que lo insostenible e innecesario es el despilfarro militar.

Estamos viendo hoy que las principales amenazas a los derechos humanos y a las libertades las está causando el militarismo de potencias como Estados Unidos, Israel, Rusia o los países de la OTAN. La brutalidad militar, el genocidio, las destrucciones masivas que estamos viendo se producen con nuestros impuestos y acaban afectando a nuestros derechos y libertades. El militarismo está afectando como un búmeran a los ciudadanos americanos, perseguidos por su propio ejército, a rusos, israelíes, alemanes o ingleses, con recortes de derechos y libertades, criminalizados y perseguidos por sus protestas contra el genocidio palestino y la devastación militar. Más militarización es menos seguridad, menos derechos y menos libertad, porque semejante despilfarro, que empobrece a las sociedades, no se puede hacer sin controlar a la población y criminalizar a la disidencia.

Descarbonizar es desmilitarizar, nos lo vienen advirtiendo distintas asociaciones pacifistas y ecologistas, porque los ejércitos aun en tiempo de «paz» son una enorme y variada fuente de contaminación de un planeta que manifiesta de diversas formas la emergencia climática que estamos viviendo. La reciente guerra de Irán nos está mostrando el despilfarro de miles de barriles ardiendo, sin más utilidad que la demostración de poder y el desprecio por las personas y el planeta. La extrema violencia militar de Israel ha ocasionado también una catástrofe ecológica en Gaza. Después de cada guerra queda una huella de destrucción y muerte en los territorios, con secuelas perdurables, como consecuencia de las bombas, la metralla, el uso de agentes químicos, uranio empobrecido y otros contaminantes. La destrucción de presas, la amenaza a centrales nucleares, el deterioro de ecosistemas a causa de la guerra y, en último término, la amenaza nuclear, son serias advertencias de la necesidad de parar en seco al militarismo antes de sufrir consecuencias catastróficas. La financiación de la guerra en Ucrania ha ocasionado que la propia Unión Europea haya limitado fondos y plazos para la necesaria descarbonización y los cuidados del planeta. El militarismo no sólo destruye el planeta sino que emplea en esa destrucción los recursos que necesitamos para descarbonizar, restaurar ecosistemas, prevenir o paliar las consecuencias de las catástrofes climáticas cada vez más frecuentes.

El aumento del militarismo, por su propia dinámica, hará retroceder los logros feministas. No olvidemos que tanto el machismo como el militarismo son hijos del patriarcado, que se apoyan y se complementan, dos caras de una misma moneda, la de la dominación, el sometimiento y la apropiación. Donde pisa la bota militar no florecen los cuidados de la vida, los afectos, la creatividad, el respeto a la diversidad sino la uniformidad, la intolerancia, la brutalidad, la destrucción y la muerte. El auge del fascismo y del militarismo están poniendo ya en entredicho los logros de las luchas feministas que creíamos irreversibles.

El militarismo ataca de lleno nuestro objetivo de dejar un mundo mejor a nuestras hijas e hijos, a nuestras nietas y nietos. Estamos dejando un planeta herido de muerte como consecuencia de un capitalismo depredador y de un militarismo a su servicio que quiere imponer un mundo sin reglas, sin humanidad, sin corazón, sin más razón de ser que la acumulación ilimitada de riqueza, la satisfacción de las ansias de poder y el sometimiento de la humanidad para el servicio de unos pocos. En el mejor de los casos, la financiación de esta perversa deriva militarista dejará una deuda impagable para las generaciones futuras. Sólo los señores de la guerra y las empresas de armamento sacan beneficio de tanta maldad y destrucción.

Nos reafirmamos una vez más en que todas las guerras son evitables, pero para ello no bastará con decir «No a la guerra». Hay que hacerlas imposibles parando al patriarcado, parando su financiación, su preparación, negando su justificación, contradiciendo a sus propagandistas, cerrando los negocios criminales de las empresas de armas, los convenios de investigación militar y la cultura de la violencia y la guerra que impregna nuestras sociedades. Es hora de pensar y actuar como humanidad, más allá de las patrias, y de poner en práctica la cooperación, la solidaridad, la empatía y el apoyo mutuo para sobrevivir y superar al patriarcado. Nos va en ello el futuro de la vida

¡NI UN EURO PARA EL REARME! ¡NI UN VOTO PARA LA GUERRA1