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¿Hemos elegido presidente a un defraudador fiscal?

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A falta de confirmación judicial, el mejor apodo de Bárcenas salió de las engominadas neuronas de Correa, para quien el extesorero del PP era simplemente Luis el cabrón. Y es que hay que ser muy cabrón para reflejar tan minuciosamente en uno de esos libros de contable con manguitos el trasiego de sobres con el que, supuestamente, toda la cúpula del PP se llevaba el aguinaldo. Apuntar con tanto detalle las entregas de dinero que generosamente facilitaban al partido señores como Luis del Rivero (Sacyr) –del que decían que tenía un ramalazo socialista cuando en realidad hace a todo–, Juan Miguel Villar Mir (OHL) –que es de los que sólo gastan en defensa propia– o incluso Roig, el de Mercadona –el de “hay que trabajar más”, sobre todo si hay que untar a la derecha– es de ser un auténtico cabronazo, con el presunto delante.

Si es cierta esta contabilidad de charcutero, no ha habido dirigente del PP que no haya probado de la fruta prohibida, empezando por JM, iniciales que, según parece, son a José María Aznar lo que LB a Luis Bárcenas. Me comentaba muy ufano esta semana un diputado vasco del PP que él, a diferencia de otros pelotas de su partido, no modificó su manera de saludar a Aznar cuando llegó a la presidencia del Gobierno. “Nunca le llamé presidente sino Jose Mari, como lo hacíamos todos desde siempre”, me dijo orgulloso. No Jose, con acento tónico en la o, como cuentan que se dirige al estadista más grande que vieron los tiempos su santa alcaldesa, sino José Mari, con jota y con eme.

Repasando este libro de las sombras se entienden muchas cosas, tal que el hecho de que a Rajoy le pareciera una minucia el asunto de Camps y de sus trajes, cuando él mismo, siempre según la documentación publicada por el diario El País, recibió entre 2006 y 2008 más de 20.000 euros para ternos bajo los epígrafes “Trajes Mariano” o “Trajes M.R.”, y hasta un pellizco de 667 euros para corbatas. El presidente del PP tiene que ir bien vestido y a buen precio. Rajoy el incorruptible tiene mucho que explicar, ya que, de ser ciertos los garabatos de Bárcenas, ha estado más de una década recibiendo dinero negro a razón de 25.200 euros anuales, que no es que sea mucho pero está muy feo.

Muchos de estos señores –los supuestos pagos llevan el santo y seña de todos los secretarios generales de PP, incluida Cospedal, de exministros, embajadores y asesores– son los que ahora dan lecciones austeridad, eliminan pagas extras a los funcionarios, dejan sin sanidad a los inmigrantes y sin profesores a nuestros hijos mientras proclaman desde las tribunas que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Estas honorabilísimas personas, según parece, no tenían bastante con sus raquíticos sueldos y precisaban acrecentarlos con unos cuantos miles de euros, que ya se sabe que los master de los niños salen por un pico. Y para eso estaban esos desinteresados donantes, constructores muchos de ellos, siempre preocupados por el desarrollo intelectual de las nuevas generaciones.

Si lo conocido hoy responde a la realidad, podemos deducir que tenemos al frente del Gobierno a un especialista en economía sumergida, a un presunto defraudador fiscal como presidente y a un mentiroso compulsivo al que no le iba a temblar la mano para dar su merecido a los corruptos. Luis Bárcenas será Luis el cabrón, pero aquí hay mucho golfo suelto con nombres y apellidos.

Juan Cárlos Escudier (Diario Público)

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