La valla de la vergüenza

RECICLANDO  LAS  CUCHILLAS

Las que se presentan ante la opinión pública como “oleadas incontenibles de inmigrantes” no son sino el resultado natural de siglos de explotación abusiva de los recursos, materiales y humanos, que viene sufriendo ese inmenso tesoro que se llama África. Para ser justos lo que se denomina “inmigración ilegal” debería llamarse inmigración imprevista, traduciendo ingenuamente lo que debería haber sido resultado previsible por la ingenua imprevisión ante lo que superficialmente no se esperaba, aunque se tema.

China, mucho más avispada que los vecinos europeos siempre con agendas a corto plazo, ha ido sembrando de forma discreta, pero constante, de colonias que ya son una clara avanzadilla para la explotación intensiva de los recursos africanos. Y España, peor dicho sus gobernantes ciegos, ha sembrado la frontera sur de Europa de cuchillas en un intento inútil e inhumano de frenar lo que es imposible, el hambre de millones de hermanos que se lanzarán, una y otra vez, a derribar esas barreras de un estéril castillo de arena.

LA VALLA INÚTIL DE LA VERGÜENZA

El falso conservadurismo de una sociedad que se cree segura ha provocado una situación enloquecida en el ficticio límite sur de Europa. Ante todo es obligado disculpar la acumulación de calificativos, pero las inhumanas improvisaciones a las que estamos asistiendo, entre perplejos y temerosos, tragando la propaganda de una falsa seguridad de fronteras no permite otra forma de explicación urgente. Estamos ante las consecuencias previsibles de una política internacional de Europa, no sólo inexistente en la práctica, sino deudora de un reciente pasado colonial depredador y abusivo. Y ante la presión migratoria lógica de los parias africanos, desesperados y sin futuro, no se les ocurre a los políticos bien alimentados que invertir millones de euros de nuestros bolsillos en intentar inútil e inhumanamente, poner unas vallas que se pretenden infranqueables a la desesperación, y reforzar con medios represivos lo que está condenado al fracaso. Pero este drama que nadie quiere ver, ni mucho menos analizar de forma constructiva, está fuera de los debates en la campaña al Parlamento Europeo. Las siguientes líneas son un intento de aportar algo de raciocinio a un debate inexistente aunque urgente e imprescindible.

No se tiene una valoración exacta de lo que Europa tiene que invertir en su ruinoso plan FRONTEX, defensa de la frontera sur, pero todo cálculo económico será una cruel caricatura del verdadero coste en dolor humano y desesperación de los injustamente marginados. Lo injusto de la situación es aún más vergonzoso si comprobamos, de una parte el enorme potencial que tiene África, y de otra cómo los especuladores chinos y rusos han valorado esa reserva de futuro invirtiendo sumas astronómicas en una colonización no por incruenta menos oportunista. Bastará con analizar las compras a precio de risa de enormes extensiones de tierras en África para alertarnos de por dónde van a discurrir las apuestas en un futuro inmediato por parte de los nuevos millonarios y especuladores de oportunidades.

Puestos ante este panorama habrá que hacer algunas apuestas racionales. La primera consideración en constatar la debilidad de tasas de sustitución, por baja natalidad, en las sociedades europeas. A pesar de las brutales tasas de paro (inducido por las finanzas especulativas, y anti ecológicas, del capital improductivo en su versión material) la sustitución de mano de obra cualificada no está ni mucho menos garantizada para la próxima generación y siguientes. La inmigración que, pese a esas inhumanas barreras, logra entrar en Europa carece por lógica de unos mínimos de preparación en todos los órdenes, y por supuesto en el técnico. Sectores tan importantes y necesitados de esa mano de obra, inexistente ahora con autóctonos a pesar del paro, como la agricultura básica y extensiva no encuentran en la inmigración trabajadores con una base digna de consideración. La inversión en formación profesional no es precisamente una preocupación apreciable, a pesar de la propaganda y las corrupciones descubiertas recientemente.

Una propuesta que habría que valorar es invertir los términos del concepto de esa teórica “defensa” que se nos presenta como bélica ante las oleadas de inmigrantes. Un plan de Ayuda Exterior posible consistiría en diseñar puntos estratégicos de Centros Propios de Formación. Se resalta en mayúscula para diferenciase de la inútil actual receptora de ese 0’35% que en teoría se destina a Ayudas al Desarrollo, que en un porcentaje brutal se pierde por corruptos desagües de las oligarquías locales de intermediarios y oportunistas. A ese presupuesto habría que sumar buena parte de los fondos inútiles del plan FRONTEX, con un concepto militar que aterroriza.

Esos Centros Propios de Formación también requerirían la intervención, sin duda por su propio interés empresarial, de los sectores industriales de futuro aprovechamiento de esa mano de obra cualificada en su propio ámbito social. Es evidente que, una vez en marcha los procesos formativos, muchos de los candidatos a una emigración con esas bases cualificadas preferirían quedarse en su entorno, pero nunca seria una inversión perdida ya que se anclaría y enriquecería humanamente al país potencialmente emisor de esa emigración, ya no tan desesperada.

¿Es esta una propuesta aprovechable para una Europa desconcertada? No se ha planteado siquiera, por lo que hoy se desconoce su deseable encaje en una ahora inexistente Política Exterior Europea. Ante todo requeriría un coraje del que parecen ayunos nuestros candidatos a llevar durante los próximos y cruciales cinco años esta nave ahora a la deriva. Esto es sólo un apunte que precisaría mayor extensión. Pongámonos a ello.

Francisco González de Tena. [pacotenaxx@gmail.com]

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  • 16 septiembre, 2014 en 13:20
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    Y además de cargarse derechos humanos, Interior ha invertido unos 72 millones de euros en actuaciones de mantenimiento y refuerzo de los sistemas de seguridad en las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla…que podía haber invertido en ayudas al desarrollo.

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