Qué exigir a los partidos políticos

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Miles de mujeres y hombres se atreven ya a soñar juntos con otro mundo posible

La ciudadanía debemos exigir a los partidos políticos dos puntos fuertes: Dos robustas columnas de financiación transparente y participación política ciudadana.

Hay partidos políticos que están haciendo esfuerzos, a veces un poco artificiales, para incorporar a su hacer la citada transparencia y participación política de la ciudadanía más allá del momento electoral.

El quehacer de los partidos tradicionales muchas veces se ha concentrado, casi exclusivamente, en el acceso al poder, restándose importancia a la formación de capacidades para la transformación y el progreso social, en el esfuerzo para sustituir a los ciudadanos individuales por una ciudadanía organizada.

La creación en la población de una conciencia crítica sobre el sistema político y sobre la realidad socioeconómica, es necesaria tanto para generar el deseo de transformación como para orientar dicho cambio.

Estar organizado es una condición para construir y consolidar la democracia.

Esa organización debe basarse no solamente sobre intereses comunes sino también sobre las relaciones de solidaridad que existen en muchas comunidades, esos sentimientos que se extienden de la familia a la vecindad y más allá, y que experimentamos todos cuando reconocemos que lo que le pasa al otro no nos es ajeno. La organización no puede mantenerse únicamente sobre una base racional, sino que lo que la fortalece, es la solidaridad que puede existir entre sus miembros.

La ciudadanía organizada y la búsqueda cotidiana de soluciones a problemas colectivos, lleva a las organizaciones sociales a influir o participar directamente en los procesos de toma de decisión política. Para fortalecer la democracia, hay que comenzar por fortalecer las organizaciones de base y organizaciones populares, pues una sociedad civil carente de sectores populares organizados y participando, no pasa de ser una élite que ha interiorizado la exclusión en su seno.

La pobreza y exclusion afectan al sistema político que se vuelve incompatible con una democracia más radical; Por ello es imprescindible luchar en paralelo contra toda exclusion…hemos de ser miles de mujeres y hombres que empiezan nuevamente a soñar juntos y a construir y participar en las redes solidarias de los barrios despiertos que son una herramienta imprescindible.

Las motivaciones, las convicciones  hacen que una persona se movilice hacia el cambio, y también los métodos, la capacidad de analizar la realidad, ordenar los problemas, sus causas y sus consecuencias, para luego poder plantear propuestas de acción. El control social que ejercería la ciudadanía movilizada implica que la legitimidad de las decisiones políticas dependa también de su legalidad, en el sentido amplio de la palabra, es decir que no tenga motivaciones de interés privado por encima de las preocupaciones de interés público.

Con la participación política y a la movilización, imaginamos alternativas al presente que nos ofrecen para construir futuros que nos ilusionen, formas de organización más transparentes, horizontales, ágiles y eficaces, y facilitando procesos de aprendizaje que nos permitan mantener nuestra sociedad fuerte y diversa. un mundo donde hayamos redefinido colectivamente, en nuevas instituciones globales y democráticas, el concepto de desarrollo, para que pueda ser realmente sostenible e inclusivo. Un mundo habitado por una ciudadanía que ha globalizado luchas y esperanzas en el que la solidaridad con las personas más desfavorecidas será principio rector para la sociedad y para las administraciones y la política de cooperación y solidaridad internacional será el eje de la acción exterior. En la defensa de los derechos humanos, sociales y ambientales, los representantes políticos serán especialmente combativos contra las actitudes xenófobas, las desigualdades de género, y las prácticas y discursos discriminatorios.

Soñamos un país que persigue y denuncia los paraísos fiscales, que censura la economía especulativa, y que genera bienestar con una economía productiva vinculada al conocimiento. Con una ciudadanía que lucha contra el fraude fiscal y la corrupción, pide auditar su deuda, y renuncia a pagar lo que considera ilegítimo. Un país sin ejércitos ni inversiones en armamento. Que tiene claras sus prioridades sociales e invierte esfuerzos en una sanidad, una educación y una investigación públicas de calidad. Donde las escuelas sean espacios de aprendizaje en los valores de la paz, la responsabilidad política y la radicalidad democrática. Donde se aprenda que desobedecer leyes injustas es legítimo y necesario.

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  • 12 enero, 2014 en 11:04
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    Estoy totalmente de acuerdo con el último párrafo, pues a la labor a seguir luchando por ello.

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