Por fin, vienen los ‘yayoflautas’

Por fin, vienen los ‘yayoflautas’

MARTÍNEZ VELILLA(* ), POR NICOLÁS, * PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD NAVARRA DE GERIATRÍA – Sábado, 29 de Septiembre de 2012 –

EN el difícil e inquietante panorama nacional, derivado de la crisis económica, resulta alentador comprobar la existencia y pujanza de movimientos cívicos sensibilizados y comprometidos con sectores tan vulnerables de la población como el de la tercera edad. Entre otros, los denominados cariñosamente yayoflautas o iaioflautas constituyen un grupo de reciente creación formado por personas maduras que luchan por la conservación y mejora de los derechos, las libertades y los logros sociales que tanto tiempo y esfuerzos les costaron adquirir a los españoles. Avalados sus miembros por la autoridad moral que les otorga la madurez, intentan contribuir a construir un mundo mejor mediante la denuncia de las injusticias y el respeto y la defensa de la verdad y la dignidad de las personas. Asimismo, apoyan causas ciudadanas similares.

El movimiento de los yayoflautas, nada casual, se inscribe en el proceso de cambios profundos que, a pasos agigantados, se están operando en nuestra sociedad en las últimas décadas. Quien desee cerrar los ojos y mirar para otro lado está en su derecho, pero con su actitud denota una evidente miopía ante el presente y más todavía ante el futuro de nuestro país y, por extensión, del resto de Occidente. A este propósito, basten unas pocas y significativas cifras referentes a la Comunidad Foral. El Instituto de Estadística de Navarra calcula que, según la evolución poblacional más probable, dentro de 10 escasos años los mayores de 59 años pasarán a representar el 26% de la población total. Dicho de otra manera, uno de cada cuatro habitantes de nuestra comunidad estará próximo a la edad de jubilación. ¿Y qué implica dicha situación demográfica? Ante todo, que, como ocurre a menudo en diferentes ámbitos de la sociedad, el ritmo acelerado de las transformaciones va muy por delante de los necesarios y aun imprescindibles cambios estructurales de carácter global, a saber: infraestructuras, sanidad, recursos económicos, atención a sectores vulnerables, etc. El concepto de ancianidad, asociado tradicionalmente a decrepitud o como mínimo a connotaciones peyorativas, va a quedar desfasado por completo. La sociedad civil y los diferentes niveles de la Administración tendrán que acostumbrarse a reconocer que buena parte del impulso motor de la actividad pública -económica, social y cultural- le corresponderá a ese sector compuesto por personas mayores, de ordinario silente y marginado, pero dotado de unos rasgos tan valiosos como la experiencia profesional inmensa, la calidad humana y, en suma, la sabiduría atesorada con el correr de los años.

En este marco de cambios sociales y crisis institucionales y económicas, salta a la vista que las demandas de un mundo más justo por parte de asociaciones ciudadanas van a definir la agenda diaria de los países en teoría desarrollados y, con toda probabilidad, también de los otros. Los manifiestos de todos estos colectivos coinciden en sus objetivos generales de búsqueda de solidaridad y conquistas sociales a través de propuestas de movilizaciones pacíficas. Su ejemplar elenco de peticiones, impregnado de solidaridad intergeneracional, va orientado al beneficio global tanto de los propios ancianos como de sus hijos y nietos.

Aun reconociendo la pertinencia y oportunidad de sus reivindicaciones, hay un problema fundamental, subrayado en todos los manifiestos, que tienen que solucionar desde el principio: la necesidad, ineludible, de unión. Las divisiones y el carácter políticamente partidista pueden producir, si no lo están produciendo ya, recelos e incluso rechazo por parte de la masa social a la que dicen representar. No propongo vaciar los programas de contenido ideológico y político, inherente a cualquier demanda social, sino de evitar a toda costa la orientación partidista y sectaria. El éxito de tales movimientos consistirá en saber integrar los diferentes puntos de vista políticos de una manera constructiva y en trabajar de modo conjunto, sin exclusiones, por una sociedad más solidaria. A mi juicio, en esa primordial posición conciliadora radica su verdadera potencialidad, imprescindible para conseguir cambios recurriendo a las movilizaciones colectivas. Si no se actúa de modo coordinado y unitario, toda la energía colectiva de los veteranos quedará reducida a numerosos gritos asincrónicos en un mismo ruedo ibérico y, por tanto, ininteligibles. Sería muy de lamentar que la estrategia de la desavenencia y el guirigay impidiera a la población en general entender con claridad las demandas procedentes de colectivos inconexos.

Los yayoflautas prometen un otoño caliente y que se les va a oír. Convocan una concentración para el próximo 1 de octubre, Día del Mayor, con entrega de documentación en el Parlamento de Navarra y en el Gobierno foral. Deseo que crezcan cada día más y que se hagan presentes, de continuo, en los medios de comunicación, pero, eso sí, con una unidad global de acción, respetuosa del amplio espectro social de opiniones y sin exclusiones partidistas. Aunque ahora son ellos los encargados de levantar la voz, en el futuro espero ser uno de los afortunados beneficiarios de sus justas reclamaciones.

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